Sesión inaugural HCD. Discurso de Sergio Sepiurka

   
Señor Presidente, Señores Concejales en ejercicio y con mandato cumplido, Señores Intendente y ex Intendentes, vecinos del pueblo de Esquel.

Acabamos de prestar juramento como Concejales de esta comunidad por cuatro años, iniciando así el séptimo período constitucional consecutivo desde la recuperación democrática de 1983, lo cual no es poca cosa si tenemos en cuenta los tristes avatares de la historia argentina desde 1930 hasta esa fecha. Nuestra Provincia del Chubut, nacida en 1958, cumplirá pronto 50 años, la mitad de los cuales habrán transcurrido entonces sin alteraciones institucionales. El año próximo cumpliremos nuestros primeros 25 jóvenes años de vida democrática continuada. No son pocos, aunque sabemos que otros países llevan cientos. Seguramente todos coincidiremos hoy en nuestras buenas intenciones de lograr un mejor gobierno de la ciudad, lo cual tampoco es poca cosa. Más aún si aceptamos que mejorar, implica la necesidad de mejorar-nos. Pero para mejorarnos y mejorar, que es la obligación de ciudadanía democrática que tenemos, hay que recordar. No porque todo tiempo pasado fuera mejor, nada de eso. Hay que recordar porque sin recordar no se aprende y sin aprender no se mejora. Y todo aprendizaje, personal o social, es el resultado de un proceso de registro en nuestra memoria individual y colectiva. Sentado ahora frente a estas bancas talladas hace 20 años, por el recordado ebanista Guillard, al final del primer período del Intendente Ongarato, vaya en primer lugar nuestro cordial saludo a quienes las ocuparon y un recuerdo emocionado para Euros Lloyd, Ana Escoin y Aníbal Simonetta que deben seguir esta sesión desde su banca en el Cielo; igual que el ex concejal y Secretario Legislativo Pedro Viro que nos dejó este año. Recuerdo ahora claramente la mirada transparente de don Euros, suficiente para sellar un acuerdo; la dulzura de la primera concejal mujer, retando como a escolares a los concejales que desobedecían su Ordenanza de no fumar; y la sana desobediencia de don Aníbal, el Concejal justicialista que pasaba tanto tiempo trabajando junto al Intendente radical, que provocaba los celos de los partidarios de ambos. Don Euros era descendiente, nada menos, que del fundador de la Colonia Galesa del Chubut, el reverendo Michel D. Jones. Anita era hija de un pionero español que pobló un campo en Languiñeo luego que su carro quedara atrapado por una nevada camino a la Cordillera. Y por dónde no anduvo Aníbal emprendiendo cosas nuevas. ¡De esa madera, señoras y señores, también están hechas estas bancas! Muy brevemente, Señor Presidente, quiero contarles una anécdota de mi primer encuentro como funcionario municipal con un Concejal opositor. Yo había llegado a Esquel en 1986 y pronto tuve el honor de trabajar cinco meses durante la primera gestión del Ubaldo Ongarato como su Secretario de Gobierno. Eran muchas más las cosas que desconocía del cargo que las que llegué a aprender en ese corto tiempo. Y si poco sabía lo que yo tenía que hacer, podrán imaginarse que mucho menos sabía del triple papel de los Concejales, de legislar, representar y controlar. Una mañana, en la que estaba tapado de papeles y de quejas a causa de los vendedores ambulantes y los gitanos que llegaban la ciudad, vino don Aníbal acompañado de su Intendente amigo quien me instruyó: “Jóven, atienda al Concejal Simonetta” y nos dejó a solas. Le pregunté en que podía ayudarlo y él, mirando mi escritorio lleno de papeles, me respondió: “me parece que el que necesita ayuda es Usted, además las cosas de las que yo quiero hablarle no están sobre su escritorio, están afuera; ¿no quiere acompañarme?” Y me llevó a dar vueltas en su camioneta mientras me contaba los proyectos que quería impulsar. Ese día vi otra ciudad. Y admiré su sed por construir. De modo que, para finalizar esta breve alocución, Señor Presidente, e intentando que estas reflexiones nos dejen una enseñanza positiva, quiero rescatar para el Cuerpo esta idea sencilla de aprender juntos, recordando para mejorar y mejorando para construir. Tal vez no sea tan difícil y solamente tengamos apenas que golpear la puerta del otro para ofrecerle ayuda generosamente e invitarlo a soñar, como lo hizo ese día el Concejal opositor, de la misma forma en que lo hacían los pioneros de esta incipiente comunidad alejada de todo. Yo supongo que todos ellos sabían que, además del tesón que evidenciaron, solamente de un modo solidario era posible levantar la gran ciudad argentina que imaginó el perito Moreno en 1879, poco antes de alojarse en los toldos de su amigo el Cacique Inacayal. Con ese verdadero Espíritu del Sur, Sr. Presidente, contagiados del calor humano que conserva la madera de estas bancas, venimos los radicales de Esquel –y los no radicales que nos acompañan como es el caso del Concejal Jorge Junyent- a hacer nuestro aporte al nuevo Gobierno Municipal que integramos como primera minoría. Reafirmando aquella hermosa expresión del gran poeta español León Felipe, que canta maravillosamente Eduardo Falú y que dice: “El día que los hombres sean libres, la política será una canción”. Que así sea. Muchas gracias, Señor Presidente.



Sergio Ongarato Intendente - Raúl Barneche Gobernador